Este fin de semana se conmemora el Día de la Madre en Colombia y otros países, una fecha para conmemorar y honrar la labor incansable y amorosa de las madres con sus hijos, pero también una oportunidad para poner sobre la mesa otros temas de análisis como, por ejemplo, las estructuras sistémicas que han condicionado la trayectoria profesional de las mujeres en América Latina, sobre todo cuando ejercen roles de madres y cuidadoras.
En muchos escenarios, la maternidad ha sido erróneamente percibida como un obstáculo para el crecimiento corporativo, forzando a millones de mujeres a elegir entre la presencia en la vida de sus hijos y el ascenso en la escala jerárquica. Y en ese sentido, las madres y cuidadoras han asumido una carga desproporcionada de trabajo no remunerado. Este fenómeno, a menudo denominado “el impuesto a la maternidad”, se traduce en renuncias voluntarias a promociones, la solicitud de jornadas reducidas con menores ingresos o, en muchos casos, el abandono total del mercado laboral formal.
Pero el sacrificio no ha sido solo económico, sino también de identidad profesional. El estigma de que una madre no puede estar totalmente comprometida con su rol profesional —sobre todo cuando los hijos e hijas son de primera infancia— ha limitado el potencial de liderazgo de una generación entera de mujeres.
Sin embargo, la pandemia trajo consigo el auge de modalidades de trabajo remotas e híbridas que no solo han servido a las empresas, sino también a millones de mujeres que han encontrado en ello una opción favorable para equilibrar sus carreras profesionales y sus roles de madres.
En esa línea, por estos días se publicó un estudio realizado por WeWork en colaboración con Michael Page, donde se arroja luz sobre una transformación profunda en las prioridades de la fuerza laboral femenina en América Latina.
Según los datos revelados en el informe, el modelo de trabajo híbrido se ha posicionado como la opción predilecta para las mujeres, quienes impulsan este auge con una determinación clara: el 87 % de los profesionales encuestados en la región consideran que la flexibilidad laboral es un factor determinante para permanecer en una empresa o aceptar una nueva oferta.
Para las madres y cuidadoras, estos datos representan una herramienta de supervivencia y progreso. El estudio revela que las mujeres valoran el trabajo híbrido significativamente más que sus contrapartes masculinas, precisamente porque permite integrar las demandas de sus hijos e hijas sin sacrificar la productividad profesional.
Lo cierto es que la adopción masiva del trabajo remoto e híbrido, acelerada por la pandemia, pero consolidada por sus beneficios tangibles, está abriendo una ventana de oportunidades sin precedentes. Por primera vez en la historia laboral moderna, las madres pueden competir en igualdad de condiciones técnicas sin tener que ausentarse físicamente de su entorno familiar de manera permanente.
Sin embargo, el trabajo híbrido por sí solo no es la solución mágica. Para que esta oportunidad se traduzca en una equidad real, las empresas deben fomentar una cultura de corresponsabilidad. El estudio de Michael Page destaca que, si bien la flexibilidad es clave, las organizaciones deben evitar que el trabajo remoto se convierta en una segunda jornada invisible que sobrecargue aún más a las mujeres.
Es fundamental que el liderazgo corporativo valide estos modelos y elimine los sesgos que penalizan a quienes no están físicamente en la oficina. Se debe entender la flexibilidad laboral como el puente que finalmente permitirá a las madres cruzar de la resignación al empoderamiento profesional pleno. Es hora de dejar de pedir a las mujeres que elijan y empezar a diseñar empresas que se adapten a la realidad de la vida, sobre todo cuando hay un bien primordial y es el que las madres puedan estar presentes en la crianza y desarrollo de sus hijos.
